
El ciberacoso suele presentarse como un problema que afecta principalmente a niños y adolescentes. Aunque los jóvenes son especialmente vulnerables, la realidad es que el acoso online puede afectar literalmente a cualquier persona con acceso a internet.
El Día Stop Cyberbullying, que se celebra cada año en junio, nos recuerda que crear un internet más seguro es responsabilidad de todos.
Internet ha transformado la forma en que nos comunicamos, aprendemos, trabajamos y construimos relaciones. Sin embargo, una mayor conectividad también implica una mayor exposición a comportamientos negativos en línea.
Ya sea un estudiante que se convierte en objetivo dentro de un chat grupal, un creador de contenido que recibe una avalancha de comentarios ofensivos, un empleado acosado en redes profesionales o una persona mayor atacada en comunidades online, el ciberacoso se ha convertido en un problema que afecta a todas las generaciones.
Según The Cybersmile Foundation:
Estas cifras demuestran que el ciberacoso puede producirse prácticamente en cualquier lugar donde las personas interactúan online.
Las redes sociales, las aplicaciones de mensajería, las comunidades de videojuegos, los foros, las plataformas de colaboración laboral e incluso los sitios de reseñas pueden convertirse en espacios donde aparece el acoso.
Para los usuarios más jóvenes, las interacciones online están estrechamente relacionadas con las amistades, la aceptación social y la autoestima.
El ciberacoso entre niños y adolescentes puede adoptar muchas formas:
Durante una reciente visita a un colegio, hablé con estudiantes sobre seguridad online, estafas, redes sociales y ciberseguridad. Muchos me dijeron con total confianza que sabían "manejarse en internet" y que podían detectar riesgos cuando aparecían.
Sin embargo, a medida que profundizábamos en la conversación, surgió una realidad muy diferente.
Algunos estudiantes describieron abiertamente situaciones que muchos adultos identificarían como ciberacoso. Hablaron de compañeros excluidos de chats grupales, de personas apartadas de círculos sociales en redes sociales y de alumnos que sufrían ataques durante los juegos online. Varios mencionaron grupos de WhatsApp de clase donde se forman pequeños grupos y ciertos compañeros son excluidos deliberadamente de conversaciones y actividades.
A medida que avanzaba la charla, algunos estudiantes comenzaron a hacer preguntas más concretas:
"¿Está mal publicar una foto de otra persona sin su permiso?"
"¿Y si la foto no le favorece mucho?"
"¿Y qué pasa con los comentarios desagradables en internet o en grupos de chat?"
Mientras escuchaba estas preguntas, no pude evitar notar cómo algunos alumnos se miraban entre sí desde distintos puntos del aula. Los ejemplos parecían menos hipotéticos y más parecidos a situaciones que habían visto, vivido o incluso protagonizado.
A diferencia del acoso tradicional, el acoso online puede acompañar a los menores hasta casa y continuar mucho después de que termine la jornada escolar.
Los padres deben prestar atención a señales como cambios repentinos de humor, ansiedad relacionada con los dispositivos, aislamiento de amigos, descenso del rendimiento académico o falta de interés por actividades que antes disfrutaban.
Las conversaciones abiertas siguen siendo una de las herramientas más eficaces para ayudar a los niños a afrontar los desafíos del entorno digital.
Los padres también pueden apoyarse en herramientas de seguridad digital diseñadas para proteger a toda la familia. Soluciones como Bitdefender Family Plan ofrecen funciones de seguridad y control parental que ayudan a gestionar el tiempo de pantalla, supervisar la actividad online y fomentar hábitos digitales saludables.
Cuando las personas piensan en el ciberacoso, suelen imaginar un problema que afecta principalmente a los niños. En realidad, los mismos comportamientos dañinos aparecen en todas las edades.
Excluir a alguien de una conversación grupal. Publicar fotos vergonzosas sin permiso. Difundir rumores. Dejar comentarios crueles. Crear perfiles falsos. Humillar públicamente a alguien para entretenerse o ganar estatus social.
Estos comportamientos pueden darse en un grupo escolar de WhatsApp, en un foro universitario, en una plataforma de comunicación laboral, en una comunidad de videojuegos o en un grupo vecinal de Facebook.
La tecnología puede cambiar, pero el objetivo suele ser el mismo: avergonzar, aislar, intimidar o humillar a otra persona.
Las herramientas digitales actuales pueden hacer que estas conductas sean aún más perjudiciales. Las imágenes generadas por inteligencia artificial, los deepfakes, las capturas de pantalla manipuladas, las cuentas anónimas y las campañas coordinadas de acoso permiten que el contenido dañino se difunda más rápido y llegue a más personas que nunca.
La misma tecnología que ayuda a las personas a conectarse, crear y comunicarse también puede utilizarse en su contra.
Los niños pueden sufrir exclusión en los chats de clase. Los jóvenes pueden convertirse en objetivos en redes sociales o aplicaciones de citas. Los trabajadores pueden enfrentarse al acoso en plataformas de comunicación laboral o redes profesionales. Los adultos mayores pueden experimentar abusos en comunidades online o grupos de redes sociales.
Las circunstancias pueden variar, pero el impacto emocional suele ser muy similar. La vergüenza, la ansiedad, el aislamiento y la pérdida de confianza pueden afectar a cualquier persona, independientemente de su edad.
Crear un internet más seguro requiere un esfuerzo colectivo.
Las palabras y el contenido compartidos online pueden tener consecuencias duraderas. Detenerse un momento antes de publicar puede evitar daños innecesarios.
Un simple mensaje de apoyo puede marcar una gran diferencia para alguien que está sufriendo acoso.
La mayoría de las plataformas ofrecen herramientas para denunciar el acoso, la suplantación de identidad, las amenazas y otros contenidos abusivos.
Limitar la cantidad de información personal disponible en internet puede reducir las oportunidades de acoso y de convertirse en un objetivo.
Ya seas padre, madre, amigo, profesor o compañero de trabajo, crear un entorno donde las personas se sientan cómodas hablando de sus experiencias online puede ayudar a que las víctimas busquen apoyo antes.
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Alina is a history buff passionate about cybersecurity and anything sci-fi, advocating Bitdefender technologies and solutions. She spends most of her time between her two feline friends and traveling.
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